HOLLYWOOD
Bette Davis,
eternamente diva
nació el 05 de abril
de 1908
CHARLES COTAYO
El Nuevo Herald. 04 de abril del 2008
Mañana la industria cinematográfica y el mundo celebra el centenario de Bette Davis, una inigualable mujer a quien los títulos de leyenda, gran artista, feminista pionera y figura inmortal probablemente le pegan más que a otras consagradas reinas de la Edad de Oro de Hollywood.
Davis nació el 5 de abril de 1908 en Lowell, Massachusetts, se casó cuatro veces y tuvo tres hijos. Murió de cáncer en Francia el 6 de octubre de 1989, a la edad de 81 años y después de haber sobrevivido un ataque cerebral, enfermedades que nunca derrotaron su infatigable espíritu. Estudió danza y trabajó en las tablas de Broadway, hasta que debutó en el cine en 1931, ascendiendo rápidamente los escalones hacia su destinado lugar entre las innegables superestrellas del séptimo arte.
No sorprende que dos estudios, Warner Bros. y 20th Century Fox, estén celebrando en disco digital la trayectoria fílmica de esta diva de divas con sendas colecciones de algunas de sus más famosas películas y otras que muchos quizás no recuerdan o no han visto porque no han estado disponibles desde hace mucho tiempo.
Bette Davis Collection, Volume 3, de Warner, contiene filmes como All This and Heaven Too (1940), en el que Davis personifica a una humilde institutriz que se enamora del adinerado padre (Charles Boyer) de los niños que cuida, para luego verse involucrada en el asesinato de la celosa y envidiosa madre. Aquí no encontramos a la clásica Davis de Jezebel (1938), Dark Victory (1939), The Letter (1940), The Little Foxes (1941), Now, Voyager (1942) o All About Eve (1950). Aunque es una de las rarezas de su filmografía, es todo un ''descubrimiento'' y se puede colocar en el mismo nivel de excelencia de las mencionadas, porque demuestra una de las características primordiales de esta magistral intérprete: control absoluto.
Otros clásicos como The Old Maid (1939), basada en la novela de Edith Wharton y en la que compartió con su presunta rival Miriam Hopkins; el melodrama The Great Lie, (1941), la polémica In This Our Life (1942), en el rol de una ''chica malvada'' con tendencias racistas y coprotagonizada por su amiga Olivia de Havilland --producción que la perfeccionista Davis consideró entre sus peores momentos en la pantalla--; Watch on the Rhine (1943), escrita por Lillian Hellman, y otra reliquia, Deception (1946), son ejemplos del multifacético trabajo de una estrella que siempre luchó para tener control sobre su carrera en una época en la que los poderosos magnates de los estudios manejaban a su capricho el destino de sus actores. Davis demostró que nada ni nadie podía dominarla o limitarla.
Dentro de ese a veces limitante studio system, la gran Davis encontró que no siempre le ofrecían papeles adecuados a una superstar que ya se había ganado dos Oscar a la Mejor Actriz --por Dangerous (1935) y Jezebel-- en la década de los años 30. Una ''rebelde con causa'' --tenía la reputación de decirle a cualquiera exactamente lo que pensaba--, nadie podía negar su talento o merecido estatus de monarca dentro y fuera de la pantalla, ya que el público la adoraba.
Otra serie, The Bette Davis Collection, de Fox, es igualmente indispensable. Cintas como All About Eve, ganadora del Oscar a la Mejor Película y por la que Davis recibió el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes --aunque perdió el Oscar ante Judy Holliday por Born Yesterday--; Phone Call From a Stranger (1952), con su esposo en aquel entonces, Gary Merrill; dos dramas de suspenso: la gótica Hush...Hush, Sweet Charlotte (1964) y la macabra producción británica The Nanny (1965), cintas interesantes, pero que definitivamente reafirmaron que Davis había entrado en la decadencia de su larga e ilustre carrera; y una película cuya actuación ha sido muy influyente, por no decir imitada: The Virgin Queen (1955), en la que interpretó a la madura reina Isabel I de Inglaterra con la furia de una leona. Glenda Jackson, Judi Dench y, más recientemente, Cate Blanchett, han revivido a la indomable Isabel con mucho éxito, pero todas estas actuaciones tienen su base, directa o indirectamente, en la ''definitiva'' encarnación de Davis.
Pequeña de estatura, no era la belleza típica del cine, pero su carácter, el peso de su presencia en la pantalla hasta en el más inferior material, y su imagen iconográfica --¡esos ojos!-- fueron y siguen siendo características sui generis que la cimentaron como la mejor actriz hollywoodense de todos los tiempos.•
