Estrenan en Nueva York filme sobre Celia Cruz

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La legendaria Celia Cruz.

Hace diez años, dos jóvenes cineastas de Miami colocaron una carta dirigida a Celia Cruz, la Reina de la Salsa, en una caja redonda de lata para guardar películas y se la enviaron a Nueva Jersey. Querían su permiso y cooperación para hacer un documental sobre su vida.

Cruz se emocionó tanto que inmediatamente aceptó que Joe Cardona y Mario De Varona --los cerebros detrás de las películas Niños en Exilio-- entraran en su vida.

"Todavía tengo la lata de guardar películas'', dijo el viejo gerente de Celia, Omer Pardillo-Cid. "Me recuerdo que Celia dijo que si Joe y Mario tomaron tanto cuidado para enviarle esa carta, ellos serían los adecuados para hacer eso''.

A finales de este mes, cuando las luces se apaguen en el Tribeca Film Festival de Nueva York y la audiencia reciba el sabor del "azúcar'' que Celia the Queen les dará, eso marcará el fin de una odisea artística de una década de duración que vio la vida, el matrimonio, la muerte y todo lo demás de la gran estrella.

En 1998, Cardona y De Varona sólo tenían un par de películas de experiencia. La carrera de Celia iba bajando pero su admiración por ella superaron cualquier duda. Pasaron los días con ella, penetrando más profundamente en su mundo que cualquier otra persona con una cámara jamás hubiera hecho: entre bambalinas, en su vida personal, incluso haciendo que hable ante la cámara sin su peluca.

Luego, las cosas comenzaron a desbaratarse. De Varona se fue de KIE Films para trabajar en publicidad. Cardona aceptó otros proyectos para poder mantenerse. Y en el 2003 Celia murió. Celia the Queen parecía perdida. Cardona consideró ofertas para relocalizarse en California, donde los cineastas pueden tener mejores oportunidades de éxito. Pero se quedó en Miami.

"Es cuestión de un compromiso'', dijo Cardona. "Cuando decides que vas a ser cineasta, hay algunas cosas que vas a tener que dejar. Las relaciones rotas vienen con el territorio. La estabilidad es lo primero que pierdes. No hay nada más romántico que hacer una película independiente porque lo estás haciendo solamente con fe y esperanza''.

Pasaron cinco años y la película se llenó de polvo, mientras el sueño de un gran documental sobre la colorida vida de Celia parecía irse con ella. La oficina de Cardona en Coral Gables, un espacio como un almacén poco a poco quedó vacía dejándolo solo con sus sueños y su película cruda.

Las grandes multitudes y las expresiones de emoción durante el funeral de Celia, confirmó para Cardona que la historia de su vida bien valía presentarse para una audiencia americana. Cientos de miles de fanáticos llenaron la Quinta Avenida de Nueva York y Biscayne Boulevard en Miami, obligando a la policía a cerrar las calles principales.

Jorge Plasencia, jefe ejecutivo de la firma de mercadeo República, y amigo de Celia que ayudó a preparar su funeral, dijo que las grandes cantidades de dolientes confirmaron lo que los admiradores de Celia siempre comprendieron: que Celia Cruz era extraordinaria y que Cardona y De Varona estaban en una posición única para explicar el porqué.

"Celia vio a estos dos jóvenes que estaban muy atados a sus raíces, muy apasionados sobre el origen de sus familias. Y confió en ellos'', manifestó Plasencia.

Un día en el 2005, De Varona tocó a la puerta de la oficina de Cardona. Habían pasado cinco años desde que se fue.

El dúo reunió de nuevo.

Cardona se dedicó a buscar inversionistas a fin de que ambos pudieran terminar la película. También luchó con distintos grupos de personas que tenían intereses en la herencia de Celia para finalizar los derechos de usar su música en la película. Eso solamente costó una gran cantidad de dinero en abogados y en viajes a Nueva York y Los Angeles.

La situación empeoró.

"A veces me despierto y no sé qué hacer'', dijo De Varona sobre su situación financiera actual. "Espero que este proyecto abra una puerta''.

Un grupo de socios ricos quería demasiado control y perdió interés en el proyecto. Otro grupo usó su dinero y sus conexiones sólo para ver el dinero evaporarse en la crisis de bienes raíces de Miami. Mientras tanto, KIE Films se desvió hacia otro proyecto de cine, White Elephant, que contaba la historia del ya demolido estadio Bobby Maduro.

Un héroe inesperado intervino para dar a Celia the Queen su impulso final: el actor Andy García.

"Ya habíamos llegado a nuestros límites'', señaló De Varona.

García los recomendó a Antonio Gijón, un español apasionado por el cine que distribuyó La Ciudad Perdida de García en España. Gijón, presidente y jefe ejecutivo de HispaFilms, la distribuidora más grande de películas en España, aceptó reunirse con Cardona y De Varona en el Ritz-Carlton de Key Biscayne un día del año pasado. Cuando los dos directores llegaron, Gijón no aparecía.

"Pensé que este tipo era sólo otro como los demás'', comentó De Varona.

Pero Gijon estaba en la parte trasera del hotel, esperando pacientemente por los cineastas que estaban tarde.

"Le dije a Andy que quería hacer algo en Miami'', argumentó Gijón. "El dinero pone las cosas en movimiento, Entrevisté a Joe y a Mario e inmediatamente vi esa pasión. Celia Cruz siempre ha sido un mito. Es nuestra diosa, nuestra diosa griega. Me entusiasmaron''.

En la película Celia habla sobre su fama, su vida, su raza, la situación del mundo. En una parte habla de su legado.

"Quiero ser recordada como alguien alegre, feliz, una mujer que disfrutó mucho de lo que hizo en su vida; una buena amiga, una buena hermana, buena esposa y buena en todo, con mucha ‘¡azúcar!''', dice, y luego se dirige a los cineastas que están sonriendo, "Es bueno reírse''.

Gijón finalmente invirtió $1 millón en la película para que se terminara, dijo Cardona.

Bueno, casi. Celia the Queen tiene su premiere en Tribecca el 26 de Abril. Cardona y De Varona prometen que terminarán de editarla para el 25.

El año pasado, la esposa de Cardona dio a luz su primera hija. La niña nació tres meses antes de tiempo y los médicos creyeron que podían perderla. Pero Cardona tenía fe y la bebé se recuperó. Sólo un nombre podían darle: Celia. ¡Qué bien!.

ocorral@miamiherald.com