DE MIS CASONAS



POR:  FREDY GAMBETTA

      Esta foto de Francisco de Paula Gonzalez, pertenece a Rotary Spain Org.  

Los benevolentes dioses, que  conocen el entrañable amor que le profeso a mi ciudad natal, esta Tacna “dulce y cruel”,  me han premiado, no lo puedo negar, disponiendo, con su infinita bondad, que mi vida laboral se  desarrolle en varias casonas que son emblemáticas para los tacneños. Nadie, y en esto si será difícil que alguien me supere, ha tenido la suerte de estar tan cerca, diariamente, a los santos lugares donde palpita la tacneñidad, como me explico a continuación.

Los últimos años de mi permanencia laboral, en ELECTROSUR, la empresa en la que viví los mejores años de mi juventud biológica – ojo, sigo siendo un joven que olvida que vive años otoñales – los pasé en el solar donde estuvo ubicada la casa natal de, para mí, el más grande militar tacneño, el Coronel José Joaquín Inclán, Patrono de la Artillería, Héroe del Combate del Dos de Mayo de 1866 y de la Batalla de Arica, donde sucumbió al lado del Titán del Morro, el ínclito Coronel Francisco Bolognesi.

Lo lamentable es que, de esa casona, solamente queda la fachada de piedra de cantería. Muchos tacneños desconocen que, vecina a la casa del Coronel Inclán, estaba ubicada  la casa donde vio la luz primera el más grande tacneño del siglo XIX, el sabio Francisco de Paula Gonzáles Vigil. El lugar lo ocupa la Beneficencia Pública. Lamento muchísimo que ni una simple placa recuerde ese hecho. Recuerdo que, en mi infancia, nos llevaban a los niños en romería a las ruinas de la casa natal de Vigil. Allí, a viva voz,  recitábamos el poema de Federico Barreto, “Aquí nació Vigil”. Eran otros tiempos y otros maestros los nuestros.

Cuando ocupé la Dirección del Archivo Regional de Tacna trabajé en la bellísima casona que los tacneños conocen como “la Casa Jurídica” porque en ella funcionó la Comisión, encargada, por el Gobierno peruano, de preparar los asuntos concernientes al plebiscito que debía realizarse en 1925. Esa Comisión la encabezó el General tacneño José Ramón Pizarro. Como se sabe, el mencionado plebiscito nunca se realizó.

Para mí era un placer, renovado cada día, el trabajar en una oficina que, seguramente, había sido la que ocupara el General Pizarro. Los techos altos, el elegante salón de los espejos, con unos muebles pesadísimos, de fina madera, primorosamente tallados. Por las noches las altas arañas iluminan esos ambientes dándoles mayor prestancia y señorío. El jardín interior adornado de rosales y de árboles frutales. El silencio que reina en sus ambientes, frente a esa vista que Virgilio hubiera deseado, invita a la investigación, a la meditación, a lucubrar los tiempos idos con todas sus vicisitudes.

No estuve mucho tiempo en la Casa Jurídica. Me fui cuando estaba a punto de concretar un sueño, convertirla en sede de un Archivo y de un Museo de la Tacneñidad, en la puerta de la patria, a base de un convenio con la empresa privada o con PROMPERU. Para descentralizar el Archivo Regional moví cielo y tierra y, con el apoyo del Gobierno Regional, que presidía el ingeniero Julio Alva Centurión, construimos un Archivo Intermedio, ubicado en la calle Arica. Ojalá mi sueño se haga realidad algún día.

Después ocupé el cargo de Jefe del Proyecto Cultural de la Región con sede en la Casa Basadre. Allí tuve el placer de tener una oficina con frente a la Plaza de Armas. Sobre mi escritorio coloqué una fotografía, del dueño de casa, en el que se le ve en su modesto despacho de la Biblioteca Nacional.

Poco a poco fuimos vistiendo la casona. Empezamos por colocar unos “baners”, con pensamientos y fotografías del doctor Basadre y un conjunto de gigantografías, en el Salón Memorial, que con solamente recorrerlas,  con un guía enterado, los visitantes pueden tener una visión de la vida y de la obra del Historiador de la República. Después instalamos la Pinacoteca de Tacna. Era para mí un regalo de la vida el tener la oportunidad de trabajar en la morada del más ilustre tacneño del siglo XX. Dentro de aquella serena belleza arquitectónica, de la Casa Basadre, siempre me encantó el patio principal cuyo jardín está rodeado de piedra de cantería. Desde un ángulo, en aquel patio, se divisa una de las torres de la Catedral. En el día y en la noche aquella vista subyuga a quien tenga ojos para ver. Más en la noche y, sobre todo, cuando el cielo está limpio y brilla la luna.

Actualmente, invitado por mi dilecto amigo Luis Torres Robledo, Alcalde de Tacna, trabajo en lo que será el proyecto cultural municipal con sede en la Casa Zela que es, para los tacneños, la principal casona de la ciudad pues desde ella salieron los tacneños, encabezados por el Prócer Francisco Antonio de Zela, la noche del 20 de Junio de 1811, a dar el Primer Grito de Libertad. Gracias a esa gesta audaz, y a la rebelión de los tacneños repetida en 1813, al mando de Paillardelli, el Congreso de 1828 otorga el título de HEROICA CIUDAD a la antigua Villa de San Pedro de Tacna.

La Casa Zela fue restaurada por el otrora Banco Industrial, a finales de la década de los 80s, del siglo XX, durante el primer gobierno del doctor Alan García Pérez. Antes había funcionado en ella la Escuela Primaria, anexa al Colegio Nacional Coronel Bolognesi. Durante años, hasta su puesta en valor, la ocupaba una pensión de mala muerte, tan de mala muerte que los parroquianos la hicieron famosa nombrándola “la muerte lenta”.

Haremos todo lo posible porque la Casa Zela mantenga su señorío, su prestancia. Es una casona típica del siglo XVIII que, junto a  la que ocupa el restaurante DA VINCI,  constituyen, restauradas, unas de las poquísimas muestras de inmuebles testigos de los últimos años del coloniaje, en Tacna.

Como apreciarán, caros lectores, qué suerte la mía que me ha permitido haber estado y estar, aún,  tan cerca de donde residen el corazón, el alma y la esencia de esta Tacna eterna.