MARAS, CUSCO PERU

A 3,028 m.s.n.m., es un
pintoresco poblado a 67 Kms. (1 h) al norte del Cusco y a 12 Kms. de Urubamba
por carretera asfaltada. Pertenece a la provincia de Urubamba y está localizado
en un llano que en tiempos prehistóricos fue una meseta desde donde se podía
observar una las montañas La Verónica (5,682 metros) y Chikon (5,530 metros).
Foto:
Pobladores de Maras
Aproximadamente a 45 km. de la ciudad e Cuzco nos encontramos con la pequeña
población de Maras, a la cual la forma mas económica que encontré para llegar
fue por medio de un bus que cuesta aproximadamente un dólar y que me llevo hasta
la entrada a la ciudad de Maras.
Desde la ruta (pista, cómo le dicen en Perú) hasta la ciudad de Maras es
conveniente tomar un taxi compartido con los demás pasajeros que bajan en esa
parada.
La población es por demás tranquila y cuenta con una arquitectura colonial la
cual se encuentra casi en perfecto esta de conservación. En Maras se pueden
visitar la plaza, la iglesia y lo que más me gusto fue deambular por sus calles,
donde se pueden observar muchísimos detalles en la arquitectura y en la
población. Maras cuenta además con las minas de sal más importantes de la región.
Desde Maras a la reserva arqueológica de Moray (entrada 5 soles) hay
aproximadamente 9 km. de camino el cual se puede hacer caminando si se tiene
ganas de convivir un rato con los lugareños que si bien son de pocas palabras
nos serán de mucha ayuda para no desesperar o sentirse perdidos en la mitad de
la nada.
En el camino a Moray hay muchas plantaciones, el paisaje acogedor y por momentos
el silencio se hace dueño de todo a nuestro alrededor.
Moray, es una serie de construcciones en terrazas que en forma concéntrica van
descendiendo del nivel del piso hasta una profundidad bastante interesante, todo
hace creer que se trata de anfiteatros destinados a incas gigantescos, pero no
es así (que decepción), se trata de construcciones destinadas a la agricultura,
una especie de laboratorio precolombino.
Desde allí, lo difícil es el regreso... Maras nuevamente y el camino en bajada
por la pequeña quebrada nos transportara hasta las salinas, en el camino uno se
siente acompañado todo el tiempo por los lugareños que cuidan ganado o se
dedican a la agricultura, el presente solo se hace visible en las torres de alta
tensión que se apersonan muy de vez en cuando.
Al
fin las salinas, solo es cuestión de mirar el cielo y escuchar el desganado
pasar de las aguas para que la paz siempre efímera haga su aparición por un
instante hasta que la vista divisa la lejana ruta con una serie de buses
transitándola Es hora de mirar y disfrutar los colores que nos ofrece esta
pequeña quebrada que desemboca en el río que es acompañado por la ruta hacia
Urubamba o en sentido contrario hacia Ollantaytambo.
Según el cronista Guamán
Poma de Ayala, el pueblo de Maras fue conquistado por el tercer Inca, Lloque
Yupanqui. Quizá fue en esa época en la que, de acuerdo a una antigua leyenda de
la zona, un poderoso cacique inca del valle de Yucay tenía como tributarios a
los pobladores de Maras. Estos decidieron rebelarse, incumpliendo sus
obligaciones laborales y hostilizando a sus emisarios. Indignado, el cacique
invocó al Yaya Inti (Dios Sol) para que castigara a estos infieles. Como
respuesta, el Dios Sol mandó una lluvia de sal sobre sus tierras para volverlas
estériles y sobre sus riachuelos para que no pudieran calmar la sed.
Pero los dioses no habrían sido muy severos con ella pues, más adelante, durante
la rebelión de Manco Inca, Maras sirvió de fortaleza y, desde allí, el guerrero
incursionó contra el pueblo de Ollantaytambo.
Flores
de Maras, Cusco-Perú
Durante la Colonia la villa
de Maras fue refundada por el encomendero y capitán español Pedro Ortiz de Orué.
Su inmensa fortuna le permitió realizar importantes donaciones de pesos de plata
en pro del culto católico y del embellecimiento del templo. La influencia de
Ortiz de Orué en la historia del lugar aún se deja sentir a través de blasones e
inscripciones talladas en piedra en los dinteles de las muchas casonas que le
pertenecieron. Su prosperidad la hizo rivalizar con la no menos próspera
Chinchero, por lo que fue nombrada "Villa de San Francisco de Asís de Maras".
Actualmente, y como única muestra de su prosperidad pasada, mantiene una iglesia
construida de adobe. En su interior encontramos pinturas muy buenas que
pertenecen al pintor Inca Antonio Sinchi Roca, nativo contemporáneo del obispo
Mollinedo y Angulo.
Maras, sin embargo, es reconocida turísticamente porque al noroeste de la ciudad
se encuentran las minas de sal, explotadas desde el incario hasta la actualidad.
Muy recomendables para los amantes de la fotografía.

Foto: Santuatio de Tiobamba.
Durante la Colonia la villa de Maras fue refundada por el encomendero y capitán español Pedro Ortiz de Orué. Su inmensa fortuna le permitió realizar importantes donaciones de pesos de plata en pro del culto católico y del embellecimiento del templo.
Las minas de sal están
conformadas por aproximadamente 3,000 piscinas pequeñas, de 5 m². La labor
consiste en llenarlas con agua salada (el agua brota de una fuente natural
localizada en la cima del complejo), hasta que el agua se evapora y queda la sal.
Este proceso dura aproximadamente un mes, hasta alcanzar el volumen requerido de
10 centímetros (4 pulgadas) de altura. Luego, la sal es molida y embolsada para
ser enviada a los mercados de la región.
Si bien antiguamente Maras era un pueblo privilegiado, hoy es un pueblo anclado
en el pasado, por su aislamiento y, por ende, su falta de modernidad. Un estado
de letargo que trata de ser superado gracias a un programa turístico impulsado
por Promperú, en convenio con la Unión Europea, que permite a los turistas
participar de las labores de extracción de sal en sus diferentes etapas:
limpieza, riego, recojo y traslado. El tour, cuyo principal objetivo es fomentar
la amistad entre los visitantes y los lugareños, culmina en el parador turístico
de la comunidad de Pichingoto, donde se pueden adquirir productos artesanales
elaborados en pasta de sal.