A CATALINA, CON AMOR ( IV PARTE)

Por Fredy
Gambetta
www.perumagiayencanto.com
Tacna- Perú, 14 de junio del 2008
Catalina cada vez es más curiosa. Todo lo huele. Le gusta el aroma de las flores y la humedad del ambiente. Tiene una manera muy elegante de tomar el agua de las pequeñas mangueritas del riego por aspersión, en la Plaza Zela, que pocos saben que existen.
Conmigo goza de la belleza de las figuras que, con flores, los anónimos técnicos de la Municipalidad hacen posible que los parques luzcan bellos, todo el año. Hace unos días estuve de visita en Arica, la hermana querida de Tacna, y le cuento que me dio tantísima pena ver como están allí los parques descuidados, sin vida, sin flores. Tacna es un vergel, un paraíso de color en la puerta del desierto. Lo que pasa, le digo a Catalina, es que uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde o vive en otros lugares donde Tacna se aparece en los sueños, para perfumarlos.
POSTAL
381-TACNA.PERU.MODERNA VISTA DE LA AVENIDA BOLOGNESI Y HOTEL DE TURISTAS.No
circulada.
En el “pasaje 65”, que abandonamos para tomar la avenida Bolognesi, recuerdo un instante al sastre Chávez, que tenia varios hijos, todos inteligentes y, al frente, una casona muy antigua, de dos pisos donde, años después, se instaló una de las primeras cevicherìas, que hubieron en Tacna. Me refiero al restaurante Paijàn, de un señor Salinas Marrufo que, además, era un criollo notable, eximio guitarrista y padre de gran prole.
Por fin subimos por la avenida Bolognesi. En la cuadra seis, a mano izquierda, se ubicaba la Notaría de Tacna en la que, por años, fue jefe el señor Juan Ugarteche, de prosapia limeña, que se casó con la dama chilena Elba Domínguez. De ese matrimonio nacieron Juan y Francisco. El primero un correctísimo profesor que hizo su carrera en Lima y Panchito, periodista, que ha destacado en los medios capitalinos. Ambos buenos profesionales, caballeros, decentes. Algunas casas más arriba tenía su consultorio el doctor Roberto Montes Figueroa, especializado en enfermedades “del pulmón”. El doctor Montes era alto, moreno, muy servicial y leal aprista. En esa cuadra, esquina con la prolongación del pasaje Vigil, está aun la casa paterna del italiano Rochetti, casado con la dama chilena Rita Arancibia que, pese a las primaveras y los inviernos, se mantiene perfectamente bien habiendo criado a una familia numerosa. Entre los hermanos Rochetti Arancibia, por razones de edad y de estudios comunes, en la secundaria, menciono a Juan, que sabe la vida y milagros de la Tacna que se va. Conversar con él es un placer por la fluidez de su lenguaje,.las anécdotas que cuenta y la pasión que pone en lo que dice. Mi amigo, al que no se porqué le apodan “la vaca”, es un cristiano y católico ferviente que, inclusive, lleva en octubre el hábito del Señor de los Milagros. Pero también es masón y ostenta, en esa orden, un alto grado. Otrora, en tiempos de intolerancia y oscurantismo, la Santa Inquisición lo hubiera quemado en la plaza pública, en un acto de fe. En resumen es un tacneño que, como los de antes, tolera, tiene un profundo sentido democrático y no se escandaliza, ni juzga. Yo lo he instado a escribir sus memorias, sus recuerdos de la gente que ha conocido o de la que ha escuchado hablar. Todo lo que de la vida citadina conoce Juan Rochetti Arancibia no se debe perder. Es una fuente oral como pocas. Un cronista que no escribe. Ante usted, querido colega, me saco el sombrero, que no uso.
Soy compañero de promoción de Jaime, el penúltimo de los hermanos Rochetti. Terminamos juntos en la sección de Letras, de la Gran Unidad Coronel Bolognesi. Jaime era alto y flaco. Por eso le apodamos “sardina”. Hoy es alto y gordo. Llegó a ser brigadier general de la Unidad cuando ocupar ese puesto daba prestancia y autoridad. Alguna vez, ya mayorcitos, en quinto de secundaria, después de habernos tomado unos coñac, en la víspera, Jaime, quien había empinado el codo más de la cuenta, llegó tarde a la formación, cuando todos estábamos listos en el patio de honor para ir a desfilar. Creo que era un 28 de Agosto. El sub oficial Barreto, “full equipo”, esperaba parado en el monumento a Bolognesi, con el alumnado al frente. Al verlo ingresar dio la voz de atención. Y, ante todos, y en el más absoluto silencio, en aquella fría mañana de invierno preguntó al brigadier Rochetti si quería hacerle un favor. La respuesta fue sí, como no podía ser de otra manera., Por su parte, la respuesta de Barreto fue un “¡lárguese!” que resonó en las faldas del cerro Intiorko. Esa lección no la olvidaríamos jamás. La puntualidad ante todo. Como decía don Eberth Barreto Fernàndez, nuestro inolvidable Instructor Pre Militar, “primero es el tiro al blanco y después es el tiro al tinto”.
Por la acera del frente, la sexta cuadra de la avenida Bolognesi se iniciaba con el despacho de don “Toyo” Rossi. Más arriba la casa de los Fuentes, doña María de Laudi, una viejecita de la que me he ocupado varias veces, oliendo siempre a rancio y naftalina y sorda como una tapia y luego la casa de don “Lelo” Rejas”, el más popular de todos quienes colocaban inyecciones a domicilio. Lelo Rejas siempre estaba dispuesto, a la hora que se requirieran sus servicios. Casó con la dama Olga Clemente, hija de don Atilio, un viejecito italiano, muy gracioso que solía conversar con nosotros los niños de entonces. Era, realmente, uno de los viejitos más lindos que he visto en mi vida. A Olga, la hija mayor, le seguía Ricardo, mi compañero de estudios en la Escuela 982, a la que acudían los niños buenos de Tacna. No los mataperros. La muerte de Lelo Rejas, en un accidente de tránsito, fue muy sentida por los tacneños. Era un hombre bueno, servicial. Todos le querían.
Le digo a Catalina que siento mucho dolor al ver como han echado abajo la Quinta Solari que era un hermoso e histórico solar no solamente por su arquitectura sino porque en ella se celebró la primera misa, para los peruanos, en 1925, después que los chilenos, al inicio del siglo XX clausuraran las iglesias y expulsaran a los sacerdotes peruanos. Esa misa, oficiada el 30 de agosto, por el padre Belmont, fue un acto de desafío a los chilenos. En mi infancia escuché muchos testimonios de cómo las mujeres peruanas fueron agredidas por las chuquisas que los chilenos trajeron para insultarlas y amenazarlas. Chuquisas llamaban los tacneños a las prostitutas chilenas que oficiaban de visitadoras o trabajadoras sexuales que atendían a los soldados de los cuarteles. Esa turba infeliz agredió al padre Belmont. Aquello fue dramático. Hasta hoy, cada vez que paso por el sitio que ocupaba la Quinta Solari no puedo dejar de prensar en aquel triste episodio pues en él participó mi madre Alina. Es decir, una de mis tres “ mamás”, de una historia que ya he referido.
Catalina, mañana salimos a pasear y te sigo contando.
Caros
amigos, agradezco a quienes acusan recibo, aunque sea de tarde en tarde....
hay otros que nunca lo hacen, entenderè que no debo importunarlos con mis "vejeces".
A los que son padres, un
Feliz Dia.
Un abrazote,
FREDY GAMBETTA
CONDE DE LA ALAMEDA
POR LA GRACIA DE DIOS