"LA PAMPA DE AMANCAES"
Lima, Perú

“PAMPA  DE  AMANCAES”. OLEO DE 2.00 m  POR 1.00M.
OBRA  DE  OSCAR  ALLAÍN  COTTERA.

 

 

Por el Ingeniero Germán Súnico Bazan
Escritor, décimista, cantautor, periodista
poeta y corresponsal de
www.perumagiayencanto.org
Lima-Perú, 21 de junio del 2008

 

Pienso, que hasta los primeros años de la década del cincuenta, se celebraba la fiesta de Amancaes.  Ya se había hecho tradicional, incluso estaba logrando ribetes internacionales, hasta que una invasión, como la que se estaba haciendo costumbre en la Lima de esa época, acabó con tan hermosa fiesta, que era todo colorido y una feliz exhibición de nuestra gastronomía y nuestra música.  El cerro reventaba de jarana, por la cantidad de grupos musicales, de todo género, que se ubicaban en sus faldas.

El pintor Oscar Allaín Cottera, captó con su paleta, desde diferentes ángulos, nuestra pampa, orgullo del criollismo y vitrina de nuestro folklore.

Hace algunos años, no pude sustraerme al recuerdo de este acontecimiento costumbrista y escribí un poema, que ofrezco ahora, porque considero que tal vez la fecha es propicia.

Respecto al cuadro que pintó Oscar, tengo una pequeña anécdota que quisiera referir:  Un día, hace como veinte años, enterado de que el periodista Jorge Donayre Belaúnde, más conocido como “el cumpa” estaba delicado de salud, fui a visitarlo a su domicilio de Breña.  Lo encontré felizmente bastante mejor de sus dolencias y me hizo pasar a su dormitorio.  Conversamos un buen rato y me mostró el machote de un enorme libro, de formato oficio, que había escrito sobre la historia de la prostitución en Lima.  Tengo entendido que esa obra aún permanece inédita.  Me acababa de autografiar su libro sobre la “Canción Criolla”, en cuya carátula aparecía la fotografía de una marinera de Allaín, nuestro gran pintor costumbrista.  Le comenté que yo era muy amigo de él y que incluso, para mi matrimonio me había obsequiado un oleo de 2.00m por 1.00m alusivo a la recordada pampa.  Le indiqué que mi cuadro era aún más grande que una de las puertas de su dormitorio.  Aún recuerdo con alegría lo que sorprendido me dijo:  “¡¡¡Un oleo de 2 por 1, sobre la Pampa de Amancaes, de Oscar Allaín!!!?.  ¡¡¡Carajo Germán, Ud. sí que tiene plata allí ahh!!!.  

PAMPAS DE AMANCÁES

 

Linda Pampa de Amancáes,

donde se daba el milagro

de despertar de anual letargo

con polka, tondero y vals.

El amarillo que es suerte

y que trae algarabía

todos los cerros cubría

¡Cuánto daría por verte!.

Como crecen espontáneas

hermosas flores silvestres,

brotaba igual la jarana

con bello sabor campestre,

indiferentes miradas

tornábanse en simpatías

al embrujo de melodías

de cuerdas muy bien pulsadas,

arpegios que disparaba,

como flechas de cupido,

franco tirador herido

que sus penas ocultaba.

Suspiros y parpadeos

o el cuento de la tierrita

que fingía una damita

para insinuar el “Flirteo”:

“Por favor sópleme este ojo,

no sé si es tierra o pajita.

ponía en “U” la trompita

provocándote el antojo”

y desde ese momento,

sin poder cambiar de tema,

ya era tuyo el dilema

(soplar p’a fuera o pa’ entro).

Luego ojitos que rasgaban

cristalinas cargajadas,

lindas y tiernas miradas

en que el alma se entregaba.

valses, polcas, marineras

que llegaban oportunas

porque la temperatura

ya insinuaba hacer locuras.

Chicha de jora o maní

o morada con mixturas,

retornaban la frescura

a la sangre por hervir,

después darle al paladar

un premio muy merecido

 

 

 

 

 

 

nunca tan fácil ha sido

sólo cabe recordar.

Fuente de fierro enlozado,

con cabeza de chancho horneado,

con su ají verde en las fosas

y lechuga a sus costados,

anticucho, chonchollí,

papita con huacatay,

choclos, papas con maní,

miga de gallina, ají,

tacu tacu, su caucau,

arroz con pato, cebiche,

carapulcra, escabeche,

y el infalible “saltau”

y ya no quiero seguir,

porque sé bien que provoca.

¡Cómo se hace agua la boca,

evocando ese vivir!.

Una lluvia de arco iris

derramaba sus colores,

policromando la pampa,

confundiendo rico y pobre,

fotógrafos ambulantes

trípode y capucha negra,

que perpetuaban la juerga

de algún solvente viandante.

La iglesia, la fe, la cruz,

que siempre estuvo presente

y en que cada concurrente

oró entre “salú y salú”.

Los efluvios de las flores

mezclados con la llovizna

daban en forma muy fina

un adiós, hasta otro junio.

A uno que otro borrachín,

con “soroche” de mamey,

un custodio de la ley

a su fiesta ponía fin.

desparramando su gozo

la noche aún era propicia,

para últimas caricias

de parejitas de mozos,

durante el peregrinaje

del cerro a la ciudad,

con trofeos amarillos.

¡Ramos de flor de Amancáes!.

  

GERMÁN SÚNICO BAZÁN

Junio, 1985

 

 

 

 

 

 

ALGO DE HISTORIA SOBRE LAS PAMPAS DE AMANCAES

 

La pampa de Amancay, al norte del distrito de Rimac (Lima-Perú), era escenario de una de las fiestas costumbristas más enraizadas en la tradición limeña. Cada 24 de junio, sin distinción de posición social se reunían los habitantes de la ciudad, desde comienzos de la colonia, a festejar la fiesta de los amancaes. Fiesta algo pagana en que discurría el alcohol y en la que, con el mismo entusiasmo que se llebaba, se rendía culto a San Juan Bautista. Manuel Prado fue el último presidente en asistir a ella en 1958.

Chabuca Granda la evoca en su canción José Antonio: "Por una vereda viene cabalgando José Antonio, se viene desde Barranco a ver la flor de Amancae". El poeta Pablo Neruda alude a esta bella flor en su "Oda a la Jardinera".

Charles Darwin, autor de la "Teoría de la Evolución de las Especies", al pasar frente a la desértica costa de Lima a bordo del Beagle en el siglo XIX, divisó con ayuda de sus binoculares extensas colinas cubiertas de musgo y bellas flores amarillas que crecían de manera silvestre, quedando impresionado por la belleza de aquellas flores que los peruanos llamaban "amancaes", registrándolas para la Historia.

En el siglo XVII Bernabé Cobo dijo: "En el tiempo de garúas nace en las lomas del contorno de esta ciudad de Lima, en tanta cantidad, que ponen de su color los prados donde nacen".

LA FLOR DE LOS AMANCAES

Estos lirios amarillos conocidos como "las flores del inca" por su dorado color, sucumbieron ante el concreto, el asfalto y la polución que el desarrollo de la ciudad de Lima trajo consigo. Formó parte de una Lima que no veremos más. Sin embargo, para aquellos adeptos a la naturaleza no todo esta perdido, estas flores han podido enraizarse en las lomas de Pachacámac, un lugar donde entre junio y octubre la neblina nutre el suelo y da vida a una increíble vegetación, reapareciendo al mismo tiempo animales como la vizcacha, el petirrojo, zorros y halcones. En el condominio "Las Lomas de San Fernando" ud. podra disfrutar este símbolo peruano y formar parte de una tradición que se remonta al tiempo de los incas.

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LA FIESTA DE SAN JUAN DE AMANCAES

“EL ALBUM PERDIDO DE LEGUIA”

24 de Junio de 1928

Fiesta de Amancaes en el siglo XIX
Acuarela de Juan Mauricio Rugendas

“Amancaes” es un conjunto de cerros que rodean por el norte y en forma semicircular al actual distrito del Rímac. A sus pies, se extiende una explanada de pendiente irregular y a mayor altura con respecto al Centro de la Ciudad, el cual puede ser observado desde aquí.

“Amancaes” es también, el nombre de una flor de color amarillo, que antaño brotaba en la pampa a partir de Junio, cuando la baja neblina de Lima chocaba con los cerros de Amancaes y los humedecía, permitiendo la aparición –aunque efímera- de algunas variedades de vegetación silvestre, entre estas, la Flor de Amancaes.

“Amancaes” era el nombre de un curacazgo que encontraron los españoles donde hoy está el distrito del Rímac. Los pobladores indígenas de este lugar, se dedicaban a la pesca de camarones en el río Rímac. Al pié de los cerros, se encuentra la famosa Iglesia de San Juan Bautista de Amancaes.

Parroquia de San Juan Bautista de Amancaes

Cuenta la tradición que el 2 de Febrero de 1582, una niña indígena llamada Rosario, encontró en Amancaes a un viajero que le entregó una carta dirigida al prior de los dominicos, encargándole edificar un templo en el lugar donde se encuentre grabada la imagen de Jesucristo. Cuando el prior se acercó a Amancaes presidiendo una romería, encontró la imagen de Jesucristo en una roca, imagen que la niña reconoció como el rostro del viajero que le había entregado la carta.

Hasta Amancaes llegaba San Martín de Porras (quién en su juventud vivió con su madre en el Rímac), para dedicarse a la oración y sembrar árboles frutales para los pobres de la localidad.

En el siglo XVIII fue el sitio preferido por algunos virreyes como Melchor de Navarra y Rocafull, Duque de la Palata, quién organizaba eventos de caza de venados y palomas con perros y halcones, y que terminaban en meriendas con música al aire libre.

Sin embargo, la Fiesta de Amancaes se realizaba desde el siglo XVI, cada 24 de Junio, Día de San Juan Bautista, celebración que en Europa se asociaba a rituales de siembra y cosecha. En Amancaes se paseaba la imagen de San Juan Bautista en andas, culminando en grandes comidas y bailes, siendo un evento que reunía a todas las clases sociales de Lima, que acudían a pié, en carretas y a caballo. Cuando regresaban a Lima, los grupos lucían en sus sombreros, trajes, caballos y carros, la famosa Flor de Amancaes. Precisamente, la canción “José Antonio” de nuestra recordada Isabel “Chabuca” Granda, evoca la fiesta en tiempos modernos, relatando como un jinete con poncho y sombrero de jipi japa, viene desde Barranco a participar de la fiesta. La canción evoca también a la “fina garúa de Junio” y a “los Amancaes” adornando el sombrero del chalán.

Hacia 1927, cuando la fiesta se había extinguido, el séptimo Alcalde del Rímac, Don Juan Ríos Alvarado decidió “revivirla” con concursos de caballos de paso, presentaciones de grupos de danza y música criollos y andinos. A estos eventos, organizados por la Municipalidad Distrital del Rímac, el invitado especial era Don Augusto B. Leguía, Presidente del Perú, quien en ese momento se encontraba en la cúspide de su carrera política. Con la presencia de altas autoridades y con un programa establecido, se daba a la fiesta, un carácter oficial.

Propaganda de 1928

El “Album Perdido de Leguía”, como lo llamó un periódico cuando se difundió entre los medios de comunicación, el hallazgo de este importante testimonio fotográfico en Febrero de 1999, corresponde a la celebración de la Fiesta de San Juan Bautista de Amancaes, organizada por la Municipalidad Distrital del Rímac, en Junio de 1928. En él, se observa al Presidente Leguía y al Alcalde Ríos, presidiendo una delegación de autoridades y diplomáticos, así como a la población de Lima, dirigiéndose a pié, caballo y en autos Ford, a la Pampa a participar de la fiesta organizada por la Municipalidad Distrital del Rímac, que incluía concursos de caballo de paso y presentación de delegaciones artísticas venidas de provincias del interior del país.

Amancaes hoy, alberga en los llamados asentamientos humanos, a gran cantidad de población venida de todas partes del país, que, posesionados de un terreno en la Pampa o en los cerros, buscan su felicidad y progreso.

La Parroquia de San Juan Bautista de Amancaes, importante monumento histórico, clama hoy por su pronta restauración.

La Fiesta de Amancaes desde hace mucho tiempo se había extinguido, hasta que fue retomada por la Alcaldesa Gloria Jaramillo, y realizada desde el 24 de Junio de 1999, en el atrio de la Parroquia San Juan Bautista. Queda en el recuerdo de quienes llegaron a ver lo que quedaba de ella a mediados del siglo XX, como una de las mas importantes tradiciones populares de Lima y el Perú, llevadas a cabo en el Rímac.

El histórico Album se conserva en el Archivo del Palacio Municipal del Rímac.

 

ALBUM DE LA FIESTA DE AMANCAES

1928


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