A CATALINA, CON AMOR (V PARTE)

Fredy Gambetta
CONDE DE LA ALAMEDA
POR LA GRACIA DE DIOS
Tacna, Perú. Junio 21 del 2008
NOTA.- Mis buenos amigos moqueguanos comprenderàn mi
posiciòn de tacneño y tendràn aquello que decìan los chinos: 'Tu verdadero amigo
te dice cuando tienes la cara sucia'
Un abrazo,
Catalina, vivimos tiempos difíciles, qué duda cabe, le digo mientras empezamos a caminar por las calles de Tacna. Le cuento que en estos días hemos sido una ciudad aislada del Perú. Cuánta razón tenían aquellos niños, -bien dicen que los niños y los beodos dicen la verdad – que en los años del cautiverio querían que Tacna y Arica no fueran ni peruanas, ni chilenas. Ellos, en sus sueños y en sus juegos infantiles, pedían que un Príncipe, de una casa europea, se hiciera cargo de estos territorios para convertirlos en un Principado con un puerto, Arica, con dos valles, el Valle Viejo y el valle que riega el río San José. Y, lo que aún no se explotaba, en aquellos años, las minas de Toquepala que habían sido denunciadas años antes que estallara la Guerra, en el siglo XIX.. ¿Qué más pedir?.
Cuánto siento, le digo a Catalina, que me escucha el soliloquio, la situación que ha vivido mi amigo, Alberto Jordán, general de la policía, víctima, en Moquegua, de la furia de la turba que no tiene rostro. Qué fácil es, le cuento, para quienes nunca han vivido, ni vivirán esos momentos, pontificar, trazar estrategias, criticar esto y aquello. Mientras no me suceda a mi que los demás sean valientes, que se defiendan solos. Allá ellos. ¿Qué sencillo, verdad?
Creo que no hay mayor cobardía que ampararse en el anonimato, en los mítines, las marchas o en los espectáculos públicos, para gritar, desaforadamente, insultar y maltratar a quien no se tiene frente a frente. Qué mala la actuación de las autoridades moqueguanas de tirar la piedra y de irse a Lima, dejando a la masa a su libre albedrío. Así qué fácil es soliviantar los ánimos abandonando el campo fértil para los aprovechadores de siempre que siembran vientos y cosechan tempestades.
Tacna ha sufrido las consecuencias económicas de un desborde popular de los moqueguanos. Son millones de soles que no se recuperarán nunca. Y, ¡oh tristeza!, hemos comprobado que no existe un plan de contingencia para Tacna, que somos frágiles y que podemos quedar librados a nuestra suerte, a expensas de un vecino revoltoso y malo que no toma en cuenta que los tacneños, por más de treinta años, les brinda el agua de la laguna de Aricota para que vivan los ileños, pese a que ellos tienen la laguna Pasto Grande de la cual no son capaces de ofrecernos un vaso para afianzar, precisamente, la laguna de la cual les enviamos el agua y prefieren echar al mar la que les sobra. O sea que somos buenos con c o con h.
Otro asunto, le digo a Catalina, que no me canso de decir, es el que se refiere al canal Uchusuma, que trae agua a Tacna, por territorio chileno. Son más de catorce kilómetros que el agua, que bebemos, discurre por tierra extranjera a cuyas autoridades debemos pedirles permiso para limpiar el canal, cada cierto tiempo. ¿Hasta cuándo, me digo, no somos capaces de dejarlo todo y de enfocar nuestros recursos, ahora que los hay, en buscar otra ruta para nuestra agua?. Los sabios técnicos, ni los señores políticos, encaran este asunto con el interés necesario. Y si no se puede hacer nada, qué lo digan para, por lo menos, saberlo. Esto, como el agua para Moquegua es, para algunos, un mito. Me voy a ir, al otro barrio, con esta piedra en el zapato.
Hemos escuchado, querida Catalina, un mundo de tonterías, en estos días, de exaltados, a los que les ponen un micrófono en la boca y se desatan hablando hasta no dejar títere con cabeza. Los hubo algunos que reclamaban del gobierno fuerza, decisión. Fuerza y decisión para desalojar a bala a los revoltosos, usando al ejército. Qué lindos estos amiguitos. Y después, ¿quién, literalmente, cargaría con los muertos? Naturalmente que el “gobierno incapaz”, para felicidad de los estrategas de café, de toda laya, que nada tienen que perder.
Catalina, le digo, acariciándola, qué difícil es gobernar este país en el que todas las sangres, al final, forman un sancochado para todos los gustos. Clamamos por la democracia, elegimos a las autoridades y a los tres meses estamos pidiendo revocarlas, qué se vayan a sus casas. Al final, sobre todo si no se logran favores personales, nadie confiesa haber elegido a nadie y solamente los anónimos pretenden tener la razón. Por eso, de la política, de esa política, como decía Rubén de las academias, ¡ líbrame Señor!
Mientras la crisis pasa a Catalina, -que cada día está más bella, más movida, más vivaz-, paseando por la bella Tacna, que es un oasis pletórico de flores, arbustos y árboles, de fuentes y fontanas, en avenidas y plazas bien cuidados, en los que se lucen figuras multicolores y fragantes, le sigo contando lo que observo en el paisaje urbano.
Caminamos por la sétima cuadra de la avenida Bolognesi, “la reina de las reinas”. Cómo ha cambiado el paisaje tan rápido. Por doquier se levantan nuevos edificios. Son construcciones fuertes, macizas, anti sísmicas, producto de la habilidad de los ingenieros y obreros de la construcción peruanos, unos de los mejores el continente, sin duda alguna. Estos edificios se construyen, dicen algunos, gracias a Blanca Nieves y a los 7 no muy enanos. Dicen, no podría probarlo. En todo caso, recojo un rumor para la historia de nuestra ciudad. Eso lo verificarán los historiadores que vendrán cuando, como quería Manuel Seoane, “el Cachorro”, seamos “polvo camino a las estrellas”.
Precisamente uno de estos edificios se levanta sobre el lugar donde estuvo ubicado un grifo de combustible que parecía una casita de muñecas y que, inexplicablemente, estuvo cerrado muchos años. Pudo haber sido convertido, en su momento, en un restaurante o una heladería, con éxito. Los dueños habrán vendido ese solar en un huevo de plata. Estoy seguro que sí. Provecho.
Catalina, hoy te he contado muchas cosas. Envidio tu despreocupación y tu tolerancia, para escucharme. Lo que te cuento lo hago con amor, con paciencia. No voy camino a ser un viejo chocho. De eso si puedes estar segura.