Padre e hija se alistan en el Ejército
LAURA ISENSEE
The Miami Herald
La futura soldado Gabrielle Alejandrino realiza lentamente una tanda de abdominales, subiendo y bajando en el húmedo terreno de fútbol del Parque Coral Springs, mientras su compañero, que extrañamente se mantiene muy cerca de su cuerpo, la estimula.
"¡Vamos, nena, arriba!'', dice él, y sus ojos verdes centellean.
Para algunas reclutas del Ejército, que las llamen nena sería un insulto.
Pero para Gabrielle es reconfortante. Su compañero de ejercicios y de profesión es su padre, Mario, y ella es su única hija.
En lo que los oficiales de reclutamiento del Ejército describen como una decisión poco usual, padre e hija se alistaron este mes para comenzar su entrenamiento militar.
El jueves comenzarán a recibir el entrenamiento básico. Para prepararse para maniobras de combate han estado entrenándose juntos en el parque con otros reclutas y soldados.
"Nos vamos pronto'', dijo Mario Alejandrino, de 36 años. "Tenemos una nueva vida por delante, y por suerte estamos enfrentándola juntos''.
Cuando los movilicen para comenzar su compromiso de cinco años, dejarán atrás al resto de su familia en West Broward. Karina, la ex esposa de Alejandrino, se ocupará de sus dos hijos, los hermanos de Gabrielle: Jonathan, de 15 años, y Joseph, de 12. Karina Alejandrino afirmó que cuando ambos le informaron su decisión, se sintió sorprendida y temerosa.
"Estamos en medio de una guerra, uno oye lo peor y ella es mi hija'', dijo. Pero el entusiasmo de los dos, y el hecho que se van junto, la tranquilizó: "Puedo confiársela''.
Los Alejandrino entrenarán juntos: primero el entrenamiento básico de combate en Fort Jackson, Carolina del Sur, y luego el entrenamiento avanzado en comunicaciones de radio y satélite en Fort Gordon, Georgia.
Después, el Ejército decide a dónde van y si van juntos. Ellos ya han discutido la posibilidad bastante probable de que los envíen a la guerra en otro país.
"La guerra, y dejar atrás a nuestra familia, a mis hijos, es la parte más dura'', dijo Alejandrino. "Pero por lo demás ella está conmigo y esto es una carrera''.
Ninguno de los dos ha abordado la posibilidad de no regresar: "Ya cruzaremos ese puente cuando llegue el momento'', afirmó él.
Alistarse en el Ejército ha significado cambios radicales para padre e hija.
Alejandrino, cuyos padres provienen de Puerto Rico y Colombia, dejó recientemente su trabajo en una agencia de seguros del sur de la Florida.
Gabrielle, que nació en California y creció en el sur de la Florida, acaba de graduarse de escuela Coral Springs Charter.
Ambos tienen la esperanza de poder estudiar en la universidad como parte de sus beneficios militares, Alejandrino en ingeniería biomédica y Gabrielle telecomunicaciones.
Alejandrino habla del Ejército con un entusiasmo casi infantil. La universidad ha sido para él un objetivo de siempre pero que parecía fuera de su alcance.
La idea partió de Gabrielle. El año pasado la tímida muchacha de 18 años regresó a casa de la escuela con un gorro militar y hablando todo el tiempo de "el Ejército, el Ejército, el Ejército'', contó su padre.
A él no le gustó nada porque el plan de Gabrielle siempre había sido la universidad.
Ese plan no funcionó muy bien porque la pusieron en lista de espera. Ansiosa por comenzar la universidad, pensó que el Ejército era el camino más corto.
Al mismo tiempo, Mario Alejandrino comenzó a considerar alistarse y visitó una oficina de reclutamiento en Margate.
Llamó a Gabrielle y discutieron el tema juntos. "Nos trazamos estos planes y objetivos allí mismo'', dijo ella.
En cuestión de semanas tomaron juntos el examen de ingreso, firmaron el contrato del Ejército y tomaron el juramento en el Dolphin Stadium en una ceremonia con cerca de otros 100 reclutas. El próximo paso, 29 semanas de entrenamiento.
"Saber que él está ahí me da seguridad'', dijo Gabrielle. "Simplemente me hace sentir mejor''.
En ocasiones la decisión de los estudiantes de alistarse en las fuerzas armadas son cuestionadas por los demás, dijo Jennifer Canals-Díaz, subdirectora de escuela Coral Springs Charter. Eso no sucedió con Gabrielle.
"Cuando Gabrielle toma una decisión lo piensa muy bien'', dijo Canals-Díaz.
En sus seis años como oficial de reclutamiento, la sargento Shawn Rose nunca ha visto alistarse juntos a un padre y su hija.
"Yo he visto a veces a padres que han sido militares mucho tiempo y sus hijos o hijas tratan de seguir sus pasos'', dijo Rose. También es común ver a hermanos que se alistan juntos.
El Ejército no lleva la cuenta del alistamiento de padres e hijos.
En años recientes las fuerzas armadas han tenido muchas dificultades en cumplir sus metas de reclutamiento. Han aumentado los bonos por alistamiento y la edad máxima para los voluntarios al verse obligadas a cubrir dos guerras en el extranjero.
El año pasado los oficiales de reclutamiento del sur de la Florida cumplieron la meta al 88 por ciento, con un déficit de 260 reclutas. La región está este año en camino de cumplir su meta, informa el Ejército.
Para los Alejandrino, el lema Army Strong pudiera convertirse en una nueva tradición familiar. Alejandrino tiene la esperanza de que sus dos hijos menores y tal vez sus sobrinas y sobrinos consideren alistarse en las fuerzas armadas.
"Ojalá que se sientan motivados y se nos unan más adelante''.
Ellos saben que hay riesgos, pero los Alejandrino dicen que los beneficios pesan mucho más.
Sin embargo, a él le preocupa que envíen su hija a la guerra.
"Yo me preocupo como cualquier otro padre. . . ella es mi única hija'', dijo, y añadió que la política del Ejército impide destacar las mujeres en el frente de batalla''.
Es posible que él se siente a hablar con su hija sobre el peligro de morir en la guerra antes que los movilicen.
O tal vez reservará esa charla de padre a hija para más adelante.
"Estamos tratando de pensar en lo positivo'', afirmó Alejandrino.
lisensee@MiamiHerald.com