MEMORIAS DEL JOVEN QUE SOY ( IV PARTE)

 

                                                       

 Por Fredy Gambetta

Tacna, Perú, 17 de mayo del 2008
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Recuerdo que alguna vez, en medio de los vapores de Baco, mi recordado amigo poeta Juan Gonzalo Rose me confesó que el había aprendido a beber en esta Tacna, que tanto quería y la hizo suya para toda su vida, a los 13 años. Eso mismo lo confesó en una entrevista porque, lo repitió esa vez, en Tacna los chicos toman vino a muy temprana edad. Infelizmente Juan Gonzalo bebió mucho en su vida y fue el alcohol el que lo llevó a la tumba. Sin embargo, y ahí están las estadísticas, en Tacna, pese a que se liba bastante, desde temprana edad, no hay un número notable de alcohólicos, por lo menos entre  la gente  que se toma sus buenos tragos. Y no son pocos los “jarros” que conozco. Cierto es que, como sabemos, el alcoholismo es una enfermedad, un poco jugar al juego de la viroca, es decir que al que le toca le toca.

 

Este preámbulo viene a cuento porque yo empecé temprano a probar los ricos vinos tacneños. Y ello debido a que, en el verano o en las vacaciones de medio año, cuando tendríamos 13 o 14 años, acompañaba, quincenalmente, a mi caro amigo y compadre Gròver Pango a comprar vino, por encargo de su padre, don Germàn, que acostumbraba asentar las comidas con una copa de tinto.

 

La compra del vino era para nosotros casi un rito. Gròver vivía en la tercera cuadra de la alameda Bolognesi y me buscaba en mi casa, -mi casa estaba en la cuadra octava, frente al mercado-y de ahí nos íbamos a la bodega la Cicagnina, en la calle Gil de Herrera, inolvidable para mí, que la había fundado don Esteban Bacigalupo, esposo de la madama Anna Costa, mi madrina. Don Esteban había fallecido y atendía Güido, el hijo mayor.  Güido era un hombre gordo, buenísimo, culto, de amena conversación que murió a una edad relativamente temprana, victima de un cáncer a la garganta. Cada vez que nos venía llegar, con la damajuana en bandolera, era para él una alegría.

 

El encargado de vender el vino era su empleado, don Raúl Güisa. Don Raúl, antes de despacharnos, nos hacía probar toda la variedad de tintos y blancos, secos, semisecos y dulces, sacándolos de las pipas con una manguerita. Nuestros adolescentes hígados asimilaban aquellos caldos exquisitos que,  naturalmente, antes del almuerzo, algún estrago nos hacían. Después de despedirnos de don Güido y don Raúl salíamos flameando con la damajuana, atravesando a “campo traviesa” los callejones tacneños. En la casa un suculento chupe  nos devolvía el alma al cuerpo y tenía la propiedad de destrabarnos la lengua y mejorarnos la dirección.

 

Para que no quede en el total olvido debo dejar escrita, en esta crónica, las facultades de visionario que tenía don Raúl Güisa. Era, como se verá más adelante, un pitoniso en ciernes capaz de vaticinar el porvenir. La prueba de ello es que una vez, estando Gròver y yo, al pie de la pipa, bien plantados con el vaso de vino, el mentado caballero adoptando una postura rígida, mirando al frente, sin afectación, como decía el decálogo de Instrucción Pre Militar de entonces, y fijando la mirada en Gròver, un mozo adolescente de 13 años, le dijo estas contundentes palabras: “ Serás General o Ministro”. Lo dicho lo adornaba con gestos haciendo alusión a los ojos negros de Gròver y, seguramente, a su perfil en el que resaltaba ese su tipo de nariz que hiciera tan famosos a varios grandes hombres que en el mundo han sido. 

 

Güisa  ni me miró. Yo no existía. En su imaginaria bola de cristal mi perfil, como hoy dicen los huachafos, no estaba incorporado. Confieso que me sentí mal, casi ninguneado. Pero no dije nada, entonces. Sin embargo siempre tuvimos, Gròver y yo, presentes esas premoniciones que nos negábamos a pensar que fueran atribuidas a Baco o a una visión repentina de don Raúl.

 

Falleció don Raúl Güisa, un día de tantos. Fallecieron mi madrina Ana Costa, su hijo Güido, dos hermanas partieron a Lima y quedó en Tacna solamente la hermana menor, Marilù, que casó con Erasmo Lombardi. La Cicagnina cerró sus puertas, vendieron las grandes pipas, los toneles, los alambiques. Dizque fueron a parar a Ica. Ya nunca más volveríamos a ver ese dibujo, colgado en la entrada, en el que un rozagante gordo, colorado, brindaba  con el sabio lema, “más vale borracho que enfermo”. La desaparición de la Cicagnina, y de las hermosas parras de la quinta Bacigalupo, debajo de las cuales había correteado en mi infancia y conocido a mi primer amor, a los ocho años, me causó, y me sigue causando, una inmensa pena. La Cicagnina a veces retorna en mis sueños pues era parte de mi infancia  feliz.

 

También falleció don Germàn Pango Palza, el papá de Gròver. Nos hicimos mayores. Salimos a la vida, cada uno por el rumbo que el destino nos tenía preparado. Pasaron los años, inexorables. Yo que, como ningún otro joven tacneño, entonces, tuve el espaldarazo de Víctor Raúl Haya de la Torre, en un autógrafo, a los 15 años, no prosperé en el campo de la política ni fui consecuente con ella. No era mi vocación. Mi vocación fue siempre la literatura. Mas, Gròver llegó a ser dirigente sindical del SUTEP, en la formación de ese sindicato histórico de los maestros, sufrió cárcel en el Sepa, en plena selva, y su pueblo lo eligió primero Alcalde y luego Diputado. A los 38 años, recién cumplidos, fue designado Ministro de Educación. El vaticinio del pitoniso Raúl Güisa se había cumplido.  Amén.

 

 

 

 

MEMORIAS DEL JOVEN QUE SOY ( V PARTE)

 

 

 

En este nuevo otoño recuerdo aquel otoño de mayo de 1968 que tan intensamente vivieran los trabajadores y los jóvenes en Paris. El inolvidable, eterno Mayo de 1968 que había tomado de sorpresa, con los pantalones abajo, a la izquierda francesa que hacía mucho había descartado a la clase obrera europea como fuerza revolucionaria.

 

En ese mayo de 1968 los trabajadores franceses estuvieron a un punto de tomar el poder y derrocar a un Charles De Gaulle que celebraba  diez años en el gobierno y que nunca pensó en una revuelta de tan grande magnitud que, inclusive, lo hiciera retroceder y “asilarse”, por poco tiempo, en las bases militares francesas en Alemania Occidental. Se iba a probar, por primera vez, que era posible instalar una república de los trabajadores.

 

Las revueltas en Paris tomarían más cuerpo a partir del 3 de mayo cuando la policía intentó desalojar a los estudiantes del patio de la emblemática Sorbona. Eso prendió la mecha de un barril repleto de pólvora. Después vendría la violencia en el Barrio Latino mientras los estudiantes se declaraban en huelga indefinida y Paris se llenaba de barricadas levantadas por los estudiantes.

 

Las bandas armadas de la policía actuaron con violencia ingresando, sin orden del juez, a las casas particulares. Los vecinos respondieron lanzando toda clase de objetos a los gendarmes. En la noche del 10 de mayo, de 367 heridos, hospitalizados, 251 eran policías.

 

Los trabajadores aun no entraban en acción. Los estudiantes eran menospreciados por el Partido Comunista Francés. Fue tanta la indignación general que los sindicatos se vieron obligados, por la presión popular, a entrar en la lucha contra el gobierno. El13 de mayo los principales centrales de trabajadores convocaron a una huelga general. Aquel día un millón de personas tomaron las calles de la capital francesa.

 

Nosotros habíamos ingresado, hacía poco, al Grupo Teatral Tacna, El relato de esos acontecimientos, sin la rapidez de la información, vía satélite, como hoy día es posible recibirla, los seguíamos, atentamente, sintonizando las radios extranjeras.

 

El 14 de mayo los trabajadores de Sud –Aviation y de la Renault tomaron las fábricas. No se distribuían los diarios. Se paralizó el transporte público y el correo postal. Paralizaron los trabajadores de las empresas de gas y de la electricidad. Solamente se vendía gasolina a los médicos. Algunas tiendas se abrieron con un cartel que decía “Esta tienda está autorizada a abrir. Sus precios los supervisan los sindicatos”. Un litro de leche, que se vendía a 80 céntimos, pasó a valer 50 y el kilo de papas bajó de 70 a 12 céntimos. En las marchas estaban presentes profesionales, amas de casa, obreros, artistas, artesanos y hasta las bailarinas del Follies Bergéres. Los estudiantes ocuparon el teatro l’Odeón y en el Barrio Latino los jóvenes exigían a los curas debatir la situación antes que celebrar la misa.

 

El 24 de mayo el Presidente De Gaulle, en su afán de preservar la Quinta República, anunció un referéndum que fue frustrado por los trabajadores de la imprenta francesa. No le quedó más, al inteligente y astuto general, que tratar con los dirigentes comunistas estalinistas para salvarse del caos.

 

El 20 de mayo, con 10 millones de trabajadores en huelga, Francia estaba paralizada. En una biografía de De Gaulle leemos que éste le dijo al embajador de Estados Unidos: “ el juego ha terminado. En unos pocos días los comunistas estarán en el poder”.

 

Sin embargo, aunque parezca paradójico, fueron los dirigentes comunistas y los dirigentes de los sindicatos los que salvarían a De Gaulle. Preferían al viejo soldado antes que a sus seguidores extremistas y anarquistas, que lideraban a los jóvenes.

 

El 27 de mayo el gobierno, a través de su Primer Ministro, Georges Pompidou, llegó a un acuerdo con los sindicatos ofreciendo subir el salario mínimo, reducir  la jornada laboral, restaurar el derecho a organizarse y bajar la edad para obtener la jubilación.  Los acuerdos tenían que ser puestos a consideración de las asambleístas y esto tenían conciencia de su propia fuerza.

 

El 30 de mayo, en un mensaje por radio, De Gaulle anunció la disolución de la Asamblea Nacional y la convocatoria a elecciones para el 23 y 30 de junio. Además ofreció al Partido Comunista un futuro ministerio. Los huelguitas ya no marcharon más. La paralización los había cansado. Poco a poco los trabajadores volvieron a sus fábricas, los burócratas a sus oficinas, los estudiantes a sus universidades, las amas de casa a sus casas. La masa, que no había vislumbrado un final concreto a sus luchas, depuso sus arrebatos.

 

En la primera vuelta de las elecciones, después de una campaña que había empezado el 10 de junio, los grupos políticos de izquierda federados y los comunistas perdieron. En la segunda vuelta los partidos de derecha ganaron la mayoría. El Partido Comunista Francés, que al inicio de las revueltas era el principal dela clase obrera, fue superado ampliamente por el Partido Socialista. El movimiento de los trabajadores franceses terminó en una derrota. Pagaron un alto precio por no llegar hasta el fin sin obedecer a los líderes que reciben consignas y que, casi siempre, están muy bien pagados y se venden por un plato de lentejas.

 

Al reabrirse las fábricas muchos obreros  fueron despedidos. Despidieron también a periodistas de la Radio Televisión Francesa, comprometidos con los rebeldes y la policía. En las universidades de la Sorbona y Naterre ingresaron los policías para controlar las tarjetas de identificación y no se fueron hasta el 19 de diciembre.

 

Mas, pese a todo, quedó la sensación de que el mayo 68 francés  fue una revolución. Desde entonces los jóvenes fuimos diferentes y nuestra visión de las cosas cambió, para siempre.

 

2008-05-15