Marga López,
primera actriz méxicana

Cristina: Al principio de esta conversación yo subrayaba la importancia que tiene la mirada de Marga López, es una especie de sello de su trabajo. Ella ha trabajado, efectivamente, con todos los directores, pero quizá ninguno ha entendido tanto el calor de esa mirada como lo hizo Luis Buñuel.

Marga López: Ah, eso es aparte, ¿no? Punto y aparte, porque era una forma tan maravillosa de dirigir, y me enseñó muchos... trucos, vamos a decir, porque hubo una escena -no me puedo olvidar, era graciosísimo, ¿he?- pero había una escena en que yo decía a Paco Rabal, al cura, decía (mueve la cabeza): Por favor, no vaya usted... Y me dice: ¿Y por qué mueve tanto la cabeza?

Cristina: Te dijo Buñuel.

Marga López: Me dijo Buñuel, y dije (mueve otra vez la cabeza): Bueno, por favor... Y dice: No, no, no, no. Usted ahorita me va a decir exactamente lo mismo y no me va a mover un músculo. Empiezo (sin moverse): Por favor, por favor, ayúdeme, ayúdeme, lo necesito. Y dice: ¿Ya ve? Si usted mueve la cabeza sus ojos no se ven. ¡Qué razón tenía! Porque es una de las enseñanzas que a mí... bueno, yo he tratado de darla a otras actrices que empiezan a trabajar, les he dicho muchas cosas que he aprendido...

 

 

25 de septiembre de 1998

Cristina: Dice una cosa que también creo que hay que subrayar, que hay que llamar a las cosas por su nombre.

Rigoberta Menchú: Así es.

Cristina: Que la Conquista fue un hecho violento que destruyó muchas cosas en América y que hubo mucha opresión y eso lo tenemos que reconocer. Cuando leí esa declaración de Saramago recordé una conversación que tuve con usted en la que me decía, pensándolo bien, la conquista en aquel momento, la conquista española, ha tenido más peso que otras conquistas que ocurren cotidiana y silenciosamente.

Rigoberta Menchú: Definitivamente, yo creo que las historia nuestras no se quedaron en cápsulas desde hace quinientos años, sino son dinámicas, son historias cotidianas; nuestros puelos, por ejemplo, son vistos como fuente de conflicto, y yo me atrevo a decir que ésta es una falsa visión de las culturas milenarias. Los indígenas no somos fuente de conflictos; en primer lugar, nosotros no fabricamos las armas, no somos quienes tenemos en nuestras manos las leyes, las normas internacionales que deben evitar las guerras en el mundo. Más bien, nuestras culturas milenarias han resuelto conflictos.