DEPORTES
Hermanos de Yan Barthelemy quieren
probar en el boxeo profesional

JORGE EBRO
El Nuevo Herald
Todavía no se ha ceñido una corona de campeón profesional, pero Yan Barthelemy ha recibido por estos días un premio superior a cualquier trofeo o medalla que pueda lograr en el futuro.
Sus hermanos Ramsés y Leduán, así como su esposa, Yadeylín, llegaron recientemente de Cuba para hacerle más llevadera su nueva vida en este país y ayudarlo a sobrepasar los obstáculos que se le avecinan.
''Para mí lo más importante es Dios y la familia, luego el boxeo'', afirmó el campeón olímpico de los Juegos de Atenas 2004. ``Esto es lo más grande que me ha pasado desde que llegué a Estados Unidos''.
Pero más allá del calor filial que puedan brindarle, Ramsés y Leduán están decididos a labrarse un nombre propio en el boxeo profesional, tal y como lo viene haciendo Yan en su búsqueda de un título.
Ambos fueron gladiadores de calidad en los niveles amateurs de Cuba y esperan reencauzar sus carreras en el pugilismo rentado.
''Todos conocen a Yan y saben la clase de boxeador que es'', afirmó Ramsés, de 22 años y con más de 200 combates de experiencia. ``Nos toca ahora a nosotros demostrar que otros de nuestra familia también tienen lo necesario para imponerse al más alto nivel''.
Si Ramsés era una de las figuras en ascenso dentro de las 130 libras, los técnicos cubanos también se habían fijado en Leduán, que a sus 18 años ya suma cerca de 50 peleas en las 118 libras.
Desde pequeños, los dos siempre tuvieron a Yan como la brújula principal en sus vidas, pero desde que el titular olímpico y mundial decidió buscar nuevos horizontes para su carrera, tuvieron la certeza de que en algún momento se le unirían.
''Siempre hemos estado muy unidos y no íbamos a dejar que nada ni nadie cambiara eso'', manifestó Leduán. ``Desde que Yan vino para aquí, teníamos como meta estar a su lado de alguna manera''.
Ramsés entendió la decisión de Yan de abandonar una escuadra cubana en Venezuela a fines del 2006, porque percibía que su hermano no era tratado por las autoridades antillanas como se merecía por su calidad y su condición humana.
También veía a su entrenador, el legendario Emilio Correa, pasar por vicisitudes económicas y no le era difícil imaginar cómo sería su futuro y el de sus hermanos una vez que llegara la hora del retiro.
''Yo le decía a Yan, `mira como le va a aquel campeón, qué mal lo pasa esta gloria del boxeo''', recordó Ramsés sobre su hermano mayor, quien vendió su medalla de campeón olímpico en $5,000 para ayudar a su familia. ``Yo no quería ese final para él. Hizo lo correcto y lo apoyamos cien por ciento''.
Aunque dejaron familia, amigos y toda una vida detrás, los tres hermanos miran hacia adelante convencidos de que el futuro en la Meca del Boxeo pudiera depararles un mejor horizonte que de haber permanecido en Cuba.
''Mi felicidad es muy grande'', afirma Yan, quien subirá de nuevo al ring el 27 de junio en Miami durante una cartelera que tendrá lugar en FIU. ``Sueño con el día en que gane un título, pero sé que ese momento será más bonito porque mis hermanos y mi esposa estarán a mi lado para festejarlo. Ya me siento un campeón''.