PIURA, PERU

PIURA ES CONOCIDA TAMBIEN COMO LA CIUDAD VOLANTE,
LA TIERRA DE LOS ALGARROBOS VERDES, EL TONDERO
Y EL SECO DE CHAVELO

Piura es la ciudad capital de la Región Piura, en el Perú. Esta ciudad está ubicada a 973 km al norte de Lima.
La ciudad se encuentra a orillas del río Piura, el mismo que la separa del distrito de Castilla.
Ambas partes de la ciudad están unidas por 4 puentes. Entre ellos se destacan el puente Bolognesi
y el puente Sánchez Cerro.

Estas bellas son piuranas...y...estas bellezas tambien, es Miss Piura

 

CATACAOS:

Feudo de enjutos piajenos, chinas hermosas y pollerudas, así como por sus nobles artesanos, Catacaos es el corazón indio de Piura plantado a sólo doce kilómetros de la ciudad.

Si hay algo que nadie debe perderse en este asentamiento urbano es degustar las exquisitas comidas, sobre todo en sus atractivas “chicherías”, que con su bandera blanca llaman a disfrutar de tan deliciosos manjares.

Allí se pueden degustar el afamado seco de chavelo, el pasadito de mero o de la secular chicha en “poto” o en “cojudito” (calabazas vacías y pulidas), como manda la tradición.

 

El sol insolente, pegajoso y calcinante del mediodía arde tanto en este lugar que la urbe vista desde el cielo debe semejar, seguramente, una resplandeciente moneda nueva.

No por gusto se decía en la segunda mitad del siglo XX que en Piura había solamente dos estaciones: el verano y la del ferrocarril (en aquel entonces, el departamento contaba con ese medio de comunicación).

Pero no siempre esta ciudad –la primera que los españoles fundaron en América del Sur– estuvo erigida aquí, en el antiguo asiento de El Chilcal, donde después de varias mudanzas se estableció de una buena vez bajo la advocación del arcángel Miguel.

De acuerdo con las crónicas de la Conquista, San Miguel de Piura se fundó en 1532, en el sector de Tangarará, sobre la orilla derecha del río Chira, a unos pasos de la actual provincia de Sullana.

Al poco tiempo, ese primitivo centro urbano sirvió de tránsito a los conquistadores, quienes en busca de oro y fortuna partieron hacia Caxamarca.

La pobreza de la tierra, las lluvias e inundaciones inclementes –¿acaso el Fenómeno de El Niño?–, el “mal de ojos”, así como el alto precio de productos, obligaron a que los pobladores peregrinaran hacia el Monte de los Padres, en 1534.

Sin embargo, el traslado no solucionó gran cosa los problemas. En 1578, esos primeros piuranos consideraron que el lugar era muy inhóspito y se mudaron con todas sus pertenencias hacia el puerto de Paita, entonces conocido como San Francisco de Buenaventura.

Este es el lugar
La falta de agua dulce, así como la asechanza constante de piratas y corsarios, los hizo que abandonaran nuevamente el lugar y se trasladaran al territorio que hoy ocupan desde entonces.

Así, el 20 de setiembre de 1588, don Pedro de Cadalso y Salazar fundó –o refundó– definitivamente esta ciudad, cuyo carácter nómade y trashumante permitió al periodista y profesor piurano Néstor Martos llamarla “ciudad volante”.

Si en el siglo XVIII Piura contaba con cinco mil habitantes, en la actualidad posee poco más de medio millón, incluyendo al distrito de Castilla.

Y es que en los pasados años este centro urbano –caracterizado por sus típicos algarrobos verdes, el tondero y la chicha en “poto”– creció a ambas márgenes del río del mismo nombre.


No obstante que el Fenómeno de El Niño dejó su impronta de catástrofe y destrucción, hoy se nota una urbe esmerada y progresista, tal como trasluce en el ánimo obsequioso y pujante de sus gentes.

Cualquier visitante animado por visitar estas tierras –que ofrece innumerables atractivos turísticos– debería tomarse el tiempo necesario para conocer los principales atractivos urbanos, que son muchos.

Geografía urbana. Si usted no conoce nada de Piura, primero debe ir hasta el corazón mismo de la ciudad: la plaza de Armas –una de las más bellas del país– y zambullirse en los innumerables encantos piuranos.

En el centro mismo de la plaza, por ejemplo, está la “Pola”, estatua en mármol que representa a la libertad y que obsequió el presidente José Balta, allá por la década de 1870.

 
Lago en Piura, ¡Que belleza!


Cualquiera que a estas alturas se sofoque con el Sol piurano, tiene el cobijo frondoso y generoso de los 24 tamarindos que primorosamente sobreviven al paso inexorable del tiempo.

Se dice que en 1870 el ciudadano alemán Fernando Reusche sembró estos árboles de frutos tan peculiares traídos desde la hacienda de Yapatera, hoy un pobrísimo pueblo afroperuano asentado en el distrito de Chulucanas, Morropón.

A un costado de la plaza, las torres de la Catedral se inyectan al cielo e imponentes se aprecian desde cualquier punto del cuadrilátero antiguo de la ciudad, vertebrado por callejuelas en las que parece que el tiempo, inamovible, apenas pasó.

Allí tenemos los dos tradicionales barrios divididos por límites invisibles. Al norte, en la ruta del cementerio, el de los “Mangaches” –bravíos y pleitistas– y al Sur, el de “La Gallinacera”, enclave de cantores, guitarristas y jaraneros.

Entre las calles que todavía rezuman historia y recuerdos de mejores épocas, están la Lima –propia de los “blanquitos”–, la Tacna y la Arequipa.

Hacia el río, en cuya orilla se yergue sobrio el malecón Eguiguren, el visitante puede disfrutar del encantador paisaje, con los nuevos puentes que sustituyen a los destruidos por El Niño de 1998.

Urbe explosiva
El influjo moderno de Piura se evidencia con avenidas como la Loreto, Sánchez Cerro o la Bolognesi, aunque la más importante de todas es la avenida Grau.

Esta arteria secciona en dos la ciudad y llega hasta esa Piura desbordada e informal de ahora, que difiere mucho de la “raquítica y perezosa aldea” de 1900.

Urbanizaciones como San José, Santa Isabel, Las Mercedes, Bancaria, El Country, Piura o El Chilcal acogen a una clase media tan venida a menos durante los pasados años.

En la periferia, las urbanizaciones populares Santa Rosa, San Martín o las decenas de asentamientos humanos pintan el rostro de una moderna Piura: el del nuevo milenio.

Fuente: El piurano.com

En este video mostramos el baile del Tondero